sábado, mayo 26, 2012

LA LENGUA CULLE: Entrevista a Manuel Flores Reyna


Escribe: Danilo Sánchez Lihón / Lima

1. Esencia 
y dones

Nací, me crié y estudié la Educación Primaria y Secundaria en Santiago de Chuco, tierra de César Vallejo.

Mi pueblo fue la capital religiosa o espiritual de los chucos que reverenciaron al dios Catequil, maestro, pedagogo y líder social.

Su adoratorio se ubica en el cerro Ichal, montaña abrupta y escarpada que se perfila nítida y hierática desde mi pueblo, como si lo tuviera bajo su protección.

Mis antepasados indígenas mágicos y asombrados hablaron la lengua culle donde depositaron no solo los arrullos, sus cóleras sino también la armonía de la naturaleza y el concierto de las estrellas.

Lengua chamánica, mántrica, metafísica; honda y sonora; propia de un alma pasmada, que ha hecho de Santiago de Chuco tierra de poetas.

Y esto por no rehusarle nada al destino, ni a ninguno de los misterios de la vida y del cosmos, sino al contrario: dispuestos a enfrentarlos, como a desentrañar su esencia, sus dones y potencialidades.
 

2. En tierra
de sus abuelos

Tenemos en Santiago de Chuco al principal investigador de la lengua culle, citado así en Wikipedia y por Federico Kauffman en la Enciclopedia Lexus.

Él es Manuel Flores Reyna, un personaje consagrado, místico y ya legendario en los estudios del culle, quien estudió la educación superior en Huánuco y la maestría en lingüística en la Universidad de San Marcos.

Fue al seguir estos últimos estudios que prometió a sus maestros reconstruir el culle y lo está logrando. Para ello hasta trabajó de peón entre los ashaninca para conocer su lengua y luego con el Instituto Lingüístico de Verano en Yarinacocha a fin de aprender el trabajo de campo en estudio de lenguas nativas.

Y es que en la tierra de sus abuelos, en Curhuachique, frente a Pallasca, pero del lado de Santiago de Chuco, se hablaba el culle.

Su herencia en tierras y casas lo ha dilapidado en fotocopiar documentos coloniales que en décadas anteriores costaban tres reales por página. No se ha casado ni tiene hijos. Ahora ejerce la cátedra en la Universidad Nacional Federico Villarreal. He aquí parte de una larga entrevista que le hiciera:
 

LA
ENTREVISTA

Manuel: ¿Cómo esbozarías un primer acercamiento a la lengua culle?

Diciendo que la lengua culle, culli o culla, fue una antigua lengua preincaica, perteneciente a la época arcaica, siendo que los documentos encontrados lo vinculan, relacionan y ubican en las provincias de Pallasca, Santiago de Chuco, Huamachuco, Otuzco, Cajabamba y Cajamarca. Etros documentos, principalmente del obispo de Trujillo, don Baltasar Jaime Martínez Compañón y Bujanda, aportan listados de palabras de dicha lengua, como de 42 vocablos el del obispo, y otro del cura de Pallasca Teodoro González Meléndez, en donde encontramos un listado de 19 palabras culle, recogidas en 1915, documentos que don Santiago Antúnez de Mayolo juntó y entregó al peruanista Paul Ribet quien los publicó en 1949 en la revista del Museo del Hombre de París.

Pero, aparte del culle, había otras lenguas en la región norte del Perú, ¿no es cierto?

Sí, precisamente, gracias a Martínez Compañón conocemos un listado de ocho lenguas, traduciendo 42 palabras españolas a esas lenguas indígenas de su obispado, que son: la lengua yunga o mochica, que se hablaba en las provincias de Trujillo y Saña; la lengua de Colán; la lengua de Catacaos; la lengua de Sechura; la lengua Cholón en los territorios de Huaylillas que corresponden a las provincias de Pataz y Bolívar; y la lengua jivito o shivito que se hablaba por esa misma zona, para luego registrar el culle que se hablaba en Huamachuco, Santiago de Chuco, Otuzco, Pallasca y Cajamarca; y luego finalmente la lengua quechua.

Acerca de la lengua culle, ¿entre qué siglos se enmarca su vigencia?

El culle ha tenido una vigencia de más de cuarenta siglos. Se habló en Chavín de Huantar. Arqueológicamente hay pruebas que desde el siglo III, antes de Cristo, ya se hablaba en La Libertad, Ancash y Cajamarca, el culle. Y esta fue la lengua de tres grandes culturas o señoríos preincaicos: los Conchucos, en Ancash; el señorío de Huamachuco, en la Libertad; y el señorío de Cushmanco, Chuquimanco o Cashamarca. Cuando llegaron los españoles encontraron esos reinos que tienen sus bases en Pashas que data del siglo III a.de c. La pacarina o madre de todo esto tiene que ver con la cultura de La Galgada que floreció entre Tauca y Santiago de Chuco, que data de dos mil años antes de Cristo, es decir mil años antes de Chavín.

¿Allí surgió la lengua culle?

Sí, en La Galgada y luego se extendió a Caral. En el año de 1996 yo planteé que en Caral se hablaba culle y me dijeron que estaba loco. Sin embargo, de cinco años para acá ya se empieza a aceptar que en Caral se hablaba en parte culle, por los toponímicos que se encuentran. Y fue precisamente en la parte alta de La Galgada que tuve la referencia proporcionada por don Alipio Villavivencio Chávez, que existió la última cullehablante, la viejita Ishpe.

¿Cuántos vocablos se conocen de la lengua culle?

Por los distintos recopiladores se conocían aproximadamente 50 palabras, que a los listados de Martínez Compañón y del cura González Meléndez, de los cuales hay que descartar las palabras castellanas y quechuas, habría que sumar algunos que aportan la crónica agustina, otros 5 vocablos que es la contribución de don Fernando Silva Santisteban y 3 términos con los cuales contribuye don  Waldemar Espinoza Soriano.

¿Y eso es todo lo que se conoce?

Yo he podido recoger más de mil palabras culle, que es mi aporte. 500 vocablos ya se han publicado en un léxico preliminar.

¿Y tahuashando, utilizado por Vallejo, qué significa?

En ese vocablo hay una asociación de quechua y culli, en el fonema sh. Para mí significa caminando en fila de cuatro. O caminando entre cuatro. Hay que entender que en la época en que vivía Vallejo había muchos términos que influían en el español sino también en el quechua que con el tiempo se han ido perdiendo.

¿Y qué es lo que extinguió al culle?

Cuando inicio mis trabajos de reconstrucción del culle, el año de 1994, la idea general era que esta lengua fue extinguida por el quechua, y eso no es cierto. En el año de 1997 en el Archivo Arzobispal de Trujillo, gracias a las indicaciones y al apoyo de la Sra. Imelda Solórzano, encargada de ese archivo, me informó que había un documento referido al culle del año de 1746, que correspondía a la labor pastoral del obispo don Gregorio de Molleda, quien ejerció su labor como obispo 35 años en la diócesis de Trujillo. Gracias a ese dignatario nos llega un expediente completo sobre la lengua culle, en 19 folios, cuyo objetivo es la evangelización en lengua culle y los problemas que había al no contar con sacerdotes “lenguaraces”, o que dominaran la lengua culle. De ese documento, que obra en mi poder paleografiado, se deduce lo siguiente: que el culle es hablado por el cien por ciento de los indígenas y también por una parte de los mestizos, lo que prueba que el quechua no extinguió al culle, sino que la lengua esta lengua fue extinguida por el español. En la época en que vivía en Santiago de Chuco César Vallejo estaban muriendo los últimos cullehablantes de Santiago de Chuco.

¿Qué es lo que caracteriza a esta lengua y a esta cultura?

La lengua fonológicamente tiene la pronunciación abundante del sonido sh, esto es al inicio, al centro o al final de cada palabra. Otras constantes son los sonidos: con y dan, con resonancias palatales y plenos de musicalidad. A nivel de significados caracteriza a esta cultura el asombro, representado en las cabezas clavas de que está poblada, y que son gigantescas en comparación a las que se encuentran en Chavín. En Cochamarca las había en los caminos y también las hemos visto en la cuesta de Salesipuedes, que va de Santiago de Chuco a Cachicadán. Otro registro es que los allcos, que en culle significa sacerdotes, se bañaban en una especie de piscinas como las hay en Huaylío en las alturas de Cachicadán, en donde el agua tiene un carácter ritual muy trascendente; los entierros se hacía en tumbas tipo ventanillas, las construcciones de los muros era de tipo pachilla, con cuñas de piedra, y sus palacios estaban rodeados de paredones.

¿En qué extensión se habló el culle?

Voy a referir la siguiente versión que está recogida en la crónica agustina de 1560. Y es que, cuando Huayna Cápac destruye el templo del dios Catequil y hace pedazos al mismo ídolo indignado porque le anuncia la destrucción del imperio de los incas, imagen aquella que era de tamaño natural y estaba hecha de oro macizo, después de arrojarlo al río en Porcón, dividido en tres pedazos, los huamachucos, después que se van los incas, recogen los restos, lo sueldan y lo esconden en Pashas, que queda en Cabana, que es otro señorío. La pregunta es básica: ¿Por qué los huamachucos llevaron el ídolo de Catequil del lugar en que quedaba su templo a otro señorío? Eso demuestra que había vínculos muy antiguos entre ellos. ¿Por qué tres señoríos ubicados en zonas muy distintas hablan la misma lengua y adoran al mismo dios? Lo que nos prueba esto es que estos tres señoríos son descendientes de una cultura mayor. A esa cultura yo la llamo la cultura culle o cultura chuco, que debió haber florecido entre los siglos V al siglo III antes de Cristo.
 

3. Universalidad
sin perder identidad

Y aquí detengo la entrevista, que es larga, con Manuel Flores Reyna, reafirmando mi identidad que se hunde en la lejanía como en la hondura del tiempo, de un país de fábula y legendario como es el Perú.

Santiago de Chuco es tierra de origen, cultura madre, umbral y comienzo. Donde las palabras y los nombres son testigos insobornables de todo lo que se quedó y de todo lo que avanzó desde allí.

Pero así como interesa saber el lugar en que hemos nacido y estar orgullosos de él, hemos de hundir también nuestra visión en el porvenir.

Nos interesa no solo la verdad arqueológica, etnológica o histórica sino que a ello debemos agregar la verdad de nuestros sueños e ideales a futuro.

Y así como Catequil se yergue inhiesto en el panorama de apus que rodean a Santiago de Chuco interesa también los horizontes por donde proyectar el futuro para nuestros niños y jóvenes.

Es decir la universalidad sin perder identidad, que es el camino que supo realizar y nos trazó con huella indeleble, senda plena de compromiso y solidaridad humana, César Vallejo.

miércoles, abril 11, 2012

Quechua para todo el mundo

Rubén Yaranga Morán / Lima

I
Es tan fácil remontarnos al momento en que en el mundo un solo idioma se hablaba. Dicen que Dios lo quiso así y así era hasta que el hombre, atrevido siempre, quiso escalar la celestial morada y se embarcó en la empresa de edificar una torre que habría de labrar su desgracia, pues Dios castigaría la osadía humana con la confusión de sus lenguas. De la lengua del hombre saldrían palabras incomprensibles a los oídos de sus semejantes. Los avezados constructores se dispersaron por las tierras del mundo y la poblaron hablando idiomas diferentes. Hubo un idioma y se perdió. Esta es una argumentación tomada del libro escrito por hombres de fe, la Biblia.

II
Muchos idiomas se hablaron y se hablan en el mundo. Unos han desaparecido, otros están a punto de desaparecer, algunos se mantienen en la boca de académicos y estudiosos. Hay idiomas que se mantienen vivos porque en la boca de millones de personas que pueblan los cinco continentes están y que han tenido etapas de transición y se han expandido por la conquista de las armas, vía el colonialismo. Y también hay los que se resisten a desaparecer. A esto se denomina resistencia cultural. Es la lucha del dominante o conquistador por imponer su idioma como oficial en el país o nación que sojuzga. Se pasa de conquistar pueblos a formar un imperio. En Sudamérica, un ejemplo es la civilización inca, que anexionó territorios de culturas varias que poseían sus lenguas aborígenes. El sometimiento no solo fue militar, sino también cultural. El quechua de los incas se transformó en el idioma oficial de los pueblos sometidos y trascendió los lindes de lo que hoy es el Perú actual: llegó hasta Tucumán (Argentina), Quito en Ecuador, Pasto en Colombia, el río Maule en Chile y hasta Cochabamba en Bolivia. El quechua se habló y se habla en esos lugares con variantes. Como sucede con el quechua de Áncash, que no es igual al que se habla en la zona central (Junín) y que es diferente al del Cusco. Su origen lo tendría en una lengua de la vertiente este de la Cordillera de los Andes, con exactitud en la zona central del Perú.

III
Con la llegada al antiguo Perú de los españoles la situación se trastorna: el quechua será desplazado por el idioma del conquistador, el castellano, pero no se extingue. Mientras más se trata de apagar ese fuego, más se aviva. El quechua se nutrió de todas las sangres de las lenguas de los pueblos que los incas sometieron y, a su vez, nutrió con su acervo lingüístico al idioma del hombre de Castilla. El Diccionario de la Real Academia Española no miente, pues en sus páginas pueden hallarse muchas palabras de origen quechua. Y el apetito español por el oro nosupo resistir al olor sabroso de la carne que salía del vientre de la madre Tierra y por respeto no le cambió el nombre a la apetitosa pachamanca; patasca, locro, cancha, mote, la universal papa que al mundo salvó de morir; el ritmo bailable y que también relata sentimientos y vinencias: el huaino; y otras palabras: huaico, huairuro, huasca. El mundo quechua enriqueció no solo con palabras, sino con aportes a la culinaria y la música.

IV
El pueblo andino ha tenido protagonismo perseverante y notorio en esta secular lucha cultural, iniciada desde la Conquista y que no se detiene, por conservar la lengua del pueblo (runa simi). Ya lo utiliza la gesta en que se prodiga José Gabriel Condorcanqui. Participan de este intento indios quechuas y aimaras. Hay algo espiritual que los liga para encontrar un punto en común. Una y otra vez estos intentos se harán y sucumbirán juntos con sus caudillos. El quechua ha estado siempre en la cresta de la ola de la historia y sobre todo en sus momentos aciagos: durante la guerra de la independencia sus hombres aportaron su sangre por la causa de tener una patria libre. La infausta guerra contra los chilenos dio paso al protagonismo del quechua y del hombre que lo habla. La campaña de la Breña, a la cabeza del general Andrés Avelino Cáceres, nacido en Ayacucho y quechuahablante, quien llama a la insurrección contra el invasor en el idioma del pueblo: el quechua. Al hablarlo, Cáceres facilita al pueblo reconocerlo como uno de los suyos. Idioma y región son determinantes para que el hombre de los Andes acuda al llamado de la patria que se encuentra en peligro. Victorias alcanzadas al límite y que dicen del inmenso amor por la patria, que abraza a la familia, a los padres, a los amigos, a la tierra.

V
En el siglo XX, en la década de los cuarenta, irrumpe una oleada de gentes del norte, centro y sur del Perú profundo, como lo llamará un gran hombre de Andahuaylas que aprendió primero el quechua antes que el español, en la Lima señorial y con pujanza le cambiará la cara, traía en las alforjas sus costumbres, sus tradiciones y deseos de superación. Este grupo étnico acude a actividades y reuniones de índole cultural que divulgan el huaino en quechua y practican lo suyo. Los coliseos y los clubes sociales son los puntos donde se dan cita los provincianos. Ese es el crisol donde se fundirá el movimiento que expondrá como ideario la reivindicación de los indígenas, sin ignorar lo artístico: la pintura y la literatura. La primera retrata y presenta a la colectividad las riquezas, las costumbres y tradiciones de la gente que puebla ese mundo. Los pinceles del maestro José Sabogal, quien declara que no es un indigenista, sino un peruano que capta los valores esenciales de su pueblo; Camilo Blas, cajamarquino como Sabogal; Camino Brent y Julia Codesido expresan que los Andes y el hombre que lo habita como tema tienen la vida y la alegría de los colores. El color es el idioma de la pintura. La segunda tendrá su abanderado en José María Arguedas, quien propugna la valoración del indio y del quechua como idioma. Idea que se apodera del papel y escapa al anonimato al hacerse libro: Ríos profundos, Agua, La agonía de Rasu Ñiti y Zorro de arriba y zorro de abajo. Su prosa nos calza las ojotas de la sensibilidad y nos lleva a conocer las historias de una raza que también merece la atención de nuestros ojos y oídos. Su proyecto literario, y personal, fue atacado malamente y su espíritu no lo pudo resistir. La muerte por mano propia fue el camino que tomó. "Yo vi al gran padre "Untu", trajeado de negro y rojo, cubierto de espejos, danzar sobre una soga movediza en el cielo, tocando sus tijeras. El canto del acero se oía más fuerte que la voz del violín y del arpa que tocaban a mi lado, junto a mí. Fue en la madrugada..." La agonía del Rasu Ñiti, José María Arguedas. De otros que escribieron y defendieron al quechua y a su hablante, se cita a Enrique López Albújar, Ciro Alegría, Manuel Scorza y José Carlos Mariátegui. Sin desmerecer a los antes nombrados, me referiré a dos escritores que así como llueve en Lima, se escribe de ellos, a las quinientas. Nacido en Huanta con el nombre de Porfirio Meneses Lazón, ese es el hombre de letras que manifestó que "la dulzura y versatilidad del quechua lo hacen ideal para resaltar la belleza de las palabras, la emoción de los sentimientos plasmados en el papel a la vez que reivindica la importancia de una lengua, que siendo netamente peruana no es suficientemente difundida en nuestro país". Así, la poesía y el cuento florecen en quechua, haciéndolo merecedor de numerosos premios y ser traducido al francés sus Cuentos al amanecer. No solo escribió en quechua, tradujo al idioma de sus amores los poemas de César Vallejo: Los heraldos negros (Yana kachapurikuna) y Trilce. "El indio también sabe reír, sabe jugar, no todo es nostalgia". Y no merece ser ignorado, pues tiene historias que contar y sentimientos que decir y ser escuchados. Porfirio Meneses dio lustre al magisterio dictando docencia en las aulas de la Gran Unidad Escolar Mariano Melgar. El autor de Cholerías y El hombrecillo oscuro y otros cuentos reivindicó al quechua y su sueño siempre fue que los nuevos poetas y narradores escriban en su idioma vernáculo. Fue una maravillosa mujer que se decantó por la literatura y respondió al nombre de María Rosa Macedo (1909- 1991). Así se dedicó a escribir artículos sobre temas variados y críticas, los que tuvieron aceptación en revistas y diarios del Perú, Chile y Argentina. Rastrojo (novela, 1946), Hombres de tierra adentro (cuentos, 1948) y Paisaje y hombre de mi tierra (ensayo, 1944) son obras en las que el paisaje, lo costumbrista y los tipos nativos se muestran con gran alegría gracias a su verbo. En el centenario de su nacimiento, que fue el año pasado, una reconocida universidad prometió publicar su obra literaria. Promesa es deuda. La lucha es permanente y otros tomarán la posta para que esta heredad cultural de nuestros antepasados siga adelante.

VI
El quechua es el otro Machu Picchu, el idiomático, que edificaron los incas para que se hablara de la grandeza del imperio que forjaron, sin importar el paso del tiempo. Hablar del quechua es hablar de historia, de identidad y de cultura. Garcilaso de la Vega y Miguel de Cervantes festejan el Día Mundial del Idioma Español con José María Arguedas.

Cuentos del abuelito Juan

Julián Rodríguez / Huaral

Con una prosa ágil y precisa, Alexander Villar Sánchez cincela vigorosamente cuentos espléndidos que plasman costumbres y creencias que, de generación en generación, han estado presentes en nuestra literatura oral andina y que transmiten, a su vez, códigos de conducta y a menudo reflejan la cultura del hablante. 

En los 'Cuentos del abuelito Juan', con singular estilo y una prosa bien articulada, el autor utiliza magníficamente las armas literarias necesarias para cautivar y atrapar al lector en su hermosa telaraña narrativa. .

Una hermosa obraliteraria publicada por la Editorial Pasacalle.

lunes, marzo 26, 2012

Jaime Vásquez Izquierdo: el último sefardí de Iquitos

Jaime Vásquez Izquierdo / Foto: Ricardo Virhuez.
Fernando Najar / Iquitos

El domingo 20 de enero de 2008, a las 11 de la mañana, fue sepultado en el viejo cementerio judío de Iquitos el profesor Jaime Vásquez Izquierdo. Fue un entierro modesto, como él hubiera deseado: poca gente, tal vez amigos muy cercanos y familiares directos. Era un día gris y medio lluvioso, no hubo discursos, oraciones, ni rasgaduras de vestiduras cuando descendió su cuerpo en la fosa, ubicada al costodo del sepulcro de David Elaluf; solamente se escuchó el KADISH en castellano, a cargo de David Edery ( hijo de su gran amigo Víctor Edery) y los llantos de sus hijas Sara y Elizabeth. Yo filmaba y registraba gráficas para el recuerdo.

Su primogénito, Moisés, fue el primero en lanzar tres porciones de tierra a la fosa, luego sus demás familiares y amigos no judíos. Todo fue rápido; quizá duró media hora la ultima la etapa terrenal del buen Jaime que dedicó años de su existencia en promover la fe y cultura judaica en Iquitos-Perú y recopilar la singular historia de los judíos marroquíes en la Amazonía peruana.

La noche del sábado 19 estuve en su modesta casa de la quinta cuadra de la calle Brasil. En una pequeña sala con pocas sillas y algunas bancas, bajo una tenue luz amarilla, el extraordinario tenor estaba recostado sobre un simple ataúd crema, con el rostro cubierto y una mortaja blanca, flanqueada por cuatro velas; un cuadro extraño para aquellos que están acostumbrados a la parafernalia que hacen gala los cristianos.

En el transcurso del velorio llegaron cinco protocolares coronas fúnebres, con sus respectivas cruces, que tras ser recibidas atentamente por su hija Sara, fueron ubicadas en un pasadizo oscuro que va hacia el comedor, lejos de la mirada de los asistentes. Por cierto que no todos sus amigos tenían que saber que él profesaba la fe judía. Sara también fue la que hizo el lavado ritual del cuerpo de su padre. 

El poeta Carlos Reyes, que se encontraba en el velorio junto con el periodista Oscar Olavaria Saldaña, me hablaba del ausentismo en la última despedida de un catedrático de dos universidades y tres institutos superiores. Pero no solo fue la comunidad universitaria, Se ausentaron también los artistas, "los bubinzanos", (movimiento cultural), las autoridades municipales (que le otorgaron la "Medalla de Oro Cívica de la Ciudad" por sus novelas,) los catedráticos, los escritores, los periodistas, los poetas, sus amigos del Café Express y del "Aris Burger"; no hubo nadie del "Matutino", el periódico que publicaba sus artículo; se ausentaron sus ex alumnos, incluso los que aprendieron algo de judaísmo, tampoco asistieron los miembros de la Beneficencia Israelita de Iquitos por quien se desveló años para que no desapareciera. La excepción de esta comunidad fueron Samy Waisselberger, Ronald Reátegui y Jorge Abramnovitz. Claro, después de muerto para muchos era una referencia; será por eso que aparecieron, después de su entierro hasta diez "recordatorios periodísticos".

En los últimos meses con frecuencia le encontraba en la calle Próspero, caminando hacia alguna cafetería. Cierta mañana de julio del 2007 conversamos largamente en una mesa del Aris Burger.Hablamos sobre política, del "sarjento Ballestero", su última novela, y judaísmo. Siempre indagando sobre los loretanos en Israel. Me preguntó hasta en tres oportunidades sobre Yaquelín Levy y de las hermanas Sara y Miriam Bendayán. Le contesté que andaban muy bien, sobre todo Sara que vive en Dimona.

Jaime era uno de aquellos que nunca perdió el entusiasmo por promover el judaísmo en Iquitos. Junto con Víctor Edery reestablecieron en 1991 la Sociedad de Beneficencia Israelita de Iquitos reiniciándose la celebración del Kabalat Shabat, Roshana, Pesaj y Yom Kipur. Por lo menos en dos oportunidades le vi en el Hospital Regional de Iquitos orando por la salud de algún "paisano" como acostumbraba a llamar a los descendientes de hebreos y hace tres años fui testigo de excepción mientras bendecía a dos niñas, Rachel y Fara, que cumplían 12 años; por cierto que tengo buen número de gráficas sobre ese acontecimiento.

Siempre dispuesto a organizar algo que una con la cultura hebraica. En el 2004 fue uno de los fundadores, junto con Yared Edery, de una comunidad denominada Beit Yakov. Era el guía espiritual y ofrecía charlas sobre la Halajá dos veces por semana. Esta organización acaba de extinguirse en forma definitiva y para siempre ante la falta de vínculos para establecerse como una asociación pro judía y por el repentino alejamiento de la organización "Shavei" que inicialmente intentó apoyarla. 

Según un testimonio suyo desde los años cincuenta registró, datos, informes, minutas, periódicos, misivas y fotos relacionados con la presencia hebrea. Sabía de memoria fechas, nombres y acontecimientos. Precisamente fue una de las principales fuente de información para l Dr. Ariel Segal Freilich que escribió el libro "Judíos del Amazonas: autoexilio en el paraíso terrenal (1997), el tratado más completo sobre la presencia de los judíos de Marruecos en la amazonía peruana, editada en inglés. Era una especie de enciclopedia viviente y era uno de los pocos que tuvo la oportunidad de conocer a varios hijos de los marroquíes que llegaron a partir de 1890. De ellos hoy no queda más que unos cuantos ancianos.

La última vez que me encontré con él en la cafetería de la calle Napo y Próspero, me confesó su deseo de reestablecer nuevamente el Instituto Cultural Peruano-Israelí de Iquitos, pero no tenía con quién hacerlo.efectivamente,en 1965 él, junto con Warner Levy, Willy Bensaquén Najar y otros, fundaron una asociación Peruano-Israelí de Iquitos que estuvo vigente hasta 1973. Con esa entidad construyeron el muro del actual cementerio. Me invitó para ese proyecto; le dije que no podía, el periodismo me absorbía. Le señale que prefería alejarme de ese tipo de actividades porque en años anteriores fui victima de unos perversos chismes, patéticas calumnias y roñosas difamaciones por parte de algunos oscuros personajes que vivían de la ilusión de cierta gente ingenua y sin origen judía que deseaba salir del país en busca de un mejor futuro en el medio oriente.

Esa mañana le entregue una quipa negra, made in Israel, que le traje, y èl se comprometió escribir una nota para la revista "Loreto Hoy que dirijo. Así fue que me entregó un artículo para la edición Nro 5, titulado: "Perú, un país en vía de extinción". Quedamos en encontrarnos en una fecha determinada para mostrarle un sidur para Pesaj, de unos de 100 años de antigüedad, que perteneció a Samuel Bendayán Azerrat. Poco después me enteré que intentó suicidarse. 

Hasta 1990 viví a 150 metros de su casa, por lo que su figura me era familiar. Entre el 70 y 80, era frecuente observarle en su sala con un violín, entonando canciones extrañas. Los que jugaban pelota en la cuadra seis de la calle Brasil decían, mientras le observaban desde su ventana, "que ese señor toca canciones de muertos"; claro no eran de muertos, sino tal vez dulces canciones sefardíes. 

Por ese entonces la calle Brasil era una arteria singular. En la cuadra tres todavía queda la fachada de la familia schulf, en la cuatro vivía la familia de Manfred Waisselberger, el papá de Samy; en la cuadra cinco, don José Asayag; en la cuadra seis, Jaime Vásquez Izquierdo; en la cuadra siete, Josef Waisselberger, y en la cuadra ocho quedan los recuerdos de los nietos de Mauricios Levy. Josef Waisselberger, era un señor de ojos azules que una tarde, mientras jugábamos fúlbito, intento patear la pelota que por casualidad llegó a sus pies; algo pasó, y Josef, que andaba apoyado en un bastón por su avanzada edad, cayó aparatosamente. Para tres debiluchos era imposible levantar a una humanidad de un 1.90 m de estatura. Tuvieron que ayudarnos los demás jugadores para ponerle en pie. Por cierto que el anciano ,de unos 90 años, luego de limpiarse pantalones, siguió caminando, acompañado de su bella nieta Rosita.

De modo que yo le conocí mucho antes de 1998, cuando comencé asistir a las ceremonias religiosas de los viernes en la casa de la familia Edery López. El era el Jasan. La voz de JVI era extraordinaria porque nos llevaba hacia sinagogas misteriosas y desconocidas del pasado. En más de una oportunidad sucedía que los visitantes esporádicos, invitados a los kabalat Shabat, quedaban más sorprendidos por la voz del cantor que por la misma ceremonia. Jaime siempre tuvo cualidades de tenor; perteneció al coro polifónico del colegio secundario "Oscar Benavides" en los primeros años de la década de los cincuenta, junto con el ex diputado Orison Pardo Matos. Por Algunos años fue profesor en la Escuela de Música de Iquitos.

Siempre dispuesto a cambiar los esquemas y evitar lo tedioso. Fue uno de los fundadores en los años 60, junto con Teddy Bendayán, Germán Lequerica, Isaías Gómez, Róger Rumrrill, Javier Dávila Durand, Manuel Túnjar, de un movimiento cultural denominado Bubinzana que salió a la palestra para expresar al mundo que el arte amazónico era algo más que un mundo sin movimiento. Según el investigador Humberto Morey Alejo, la irrupción de los Bubinzana significó "Hundirnos en nuestras raíces y dejar de ser simples espectadores de paisajes aurorales y crepusculares de no imitar o reemplazar la cultura popular regional para el gusto de buscadores de exotismo".

Vásquez puso lo suyo como bubinzano como su obra "Río Putumayo", publicado en 1986, bajo el auspicio de la Municipalidad de Maynas. Fue su novela cumbre que pone al descubierto un centralismo pernicioso y antiperuano y resalta el indiscutible patriotismo del loretano en tiempos de la guerra con Colombia en 1933. Después publicó Cordero de Dios I, Cordero de Dios II, que describe el cambio social y urbano del Iquitos de los años cuarenta. Otra obra interesante es Kontinente Negro, que según el Blog literario, "Brevarios" "es una novela tortuosos relatos de una conciencia castigada por la angustia vital. Su última novela publicada se titula La guerra del sargento Ballesteros, en la que encara lo difícil ser patriota en tiempos de guerra. Dejó para la posteridad cinco obras inéditas. 

Murió a la 1 de la mañana del sábado 19 en el Hospital de Essalud por insuficiencia respiratoria, tenía diabetes y una profunda depresión. Contaba al momento de fallecer 73 años, 50 de ellos dedicados en dar charlas sobre la cultura hebrea, cantar las canciones sefarditas y promocionar los códigos talmúdicos. Era el último sefardí de Iquitos.

miércoles, marzo 21, 2012

Diccionarios aimaras

Walter Paz Quispe Santos / Puno

Parece lógico que la posteridad de la lengua aimara abunde en intentos continuos de encontrar el significado de sus palabras. Así lo testimonian los trabajos de José Luis Ayala y Dionisio Condori Cruz. Ambos autores de reconocida trayectoria acaban de publicar diccionarios aimaras bilingües que enriquecen los estudios lexicográficos de una de las lenguas mayores de los andes. José Luis Ayala, nos trae un estudio onomasiológico del léxico aimara, es decir, una explicación ideológica de los significados de la palabra aimara. Dionisio Condori Cruz, lo hace pero desde la perspectiva semasiológica, es decir, nos explica el significado semántico denotativo.

Sobre el “Diccionario de la cosmopercepción andina. Religiosidad, jaqisofía y el universo” de José Luis Ayala, comenta uno de los destacados y brillantes antropólogos del país como Alejandro Ortiz Rescaniere lo siguiente: “La obra de José Luis Ayala es una muestra de la excelencia de esta tradición. Es el resultado del trabajo discreto y constante, alejado de la academia, con la mirada atenta al terruño, a lo cotidiano, en pos de las claves del saber que animan lo habitual, las claves de la sabiduría que sólo un alma inquieta puede advertir y nombrarlas y luego presentarlas al lector que no las conocía por estar lejos de aquel pago o, por lo contrario, estar demasiado cerca, sumido, absorbido por la rutina, su vértigo o tráfago, y no por eso no advierte la música que esconde la bulla el día a día. Ese ruido, que es evidente y ensordecedor, es el eco de la hermosa melodía del espíritu humano, en este caso expresada o precisada en la voz del pueblo aymara. Lo particular, su sentido y belleza son partituras de la polifonía que el alma humana canta por sí misma, para su regocijo y comunión con el cosmos y el creador”.

Para “Aymara kastilla aru pirwa, diccionario aimara castellano” de Dionisio Condori Cruz, nuestro maestro y reconocido lingüista Rodolfo Cerrón Palomino señala: “Un diccionario del aimara puneño como presenta debe ser visto no sólo como un registro valioso del registro de la lengua sino como una verdadera documentación colectiva del pueblo aimara hablante. Todo ello resulta doblemente valioso si recordamos que a diferencia de lo que ocurre en el hermano país de Bolivia, los estudios aimarísticos en el lado peruano sufrieron una ruptura total por espacio de 300 años, luego de la expulsión de los jesuitas del otrora laboratorio idiomático que fuera la reducción de Juli. De manera que, si la aparición del Diccionario de Büttner y Condori en l984, a la cual se sumarían poco después los vocabularios de Ayala Loayza y Deza Galindo, fue un esfuerzo por retomar la tradición aimarística iniciada por Bertonio en la colonia, la versión aumentada que ahora nos pone en manos Dionisio Condori Cruz constituye una prueba más del afán por mantener viva esa inquietud por estudiar y documentar la variedad lupaca del aimara puneño”

La lexicografía aimara ha transitado desde bien pronto por caminos tortuosos y con notables altibajos, sin embargo, estos trabajos recientes de José Luis Ayala y Dionisio Condori Cruz colocan las bases de una lexicografía sólida, que nos permiten afirmar que el registro de voces aimaras y su tratamiento aseguran el alimento de muchos hontanares que abanderan con plena dignidad y derecho la expresión histórica de la lengua aimara a lo largo de más de mil años de esplendor.

viernes, marzo 09, 2012

Goyo Martínez: “Diccionario abracadabra. Ensayos abechedarios”


Enrique Planas / Lima

Un diccionario es cosa seria, un trabajo de enciclopedista. Y en el caso de Gregorio Martínez, elegido ganador de la I Bienal de Ensayo del Premio Copé Internacional, su “Diccionario abracadabra. Ensayos abechedarios” es, además, un testimonio erudito y obsceno, como lo son libros tan memorables como “Tierra de caléndula”, “Biblia de guarango” o “Canto de sirena”.
“Yo sabía que me estaba metiendo en camisa de once varas”, advierte el escritor al responder este cuestionario enviado vía correo electrónico. Así lo ha preferido el escritor radicado en EEUU, que odia las impertinentes llamadas telefónicas. “Ahora que tenemos enciclopedias en Internet, a las cuales podemos acceder gratis y al tiro, sería una tontería publicar un diccionario. Excepto cuando se trata, justamente, de hacerle morder el polvo al saber de pacotilla y convertir Google en nuestra caja de resonancia”, dice el autor nacido en Coyungo (Nasca) en 1942.

Un ensayo de ideas supone un diálogo con el lector, distinto al que plantea la ficción. ¿Cómo establece esa relación con el lector de este libro?

Prefiero referirme a narración donde tu dices ficción. En el ensayo, el lector puede meter su cuchara. Para los peruanos, el “cuchareo” es un diálogo. Así se come el cebiche entre amigos. En fuente y cada quien mete su cuchara.

Supongo que gran fuente de conocimiento personal para escribir su enciclopedia nace en aquellos burdeles de Nasca, como la Casa Rosada.

Eres adivino. Precisamente en la Casa Rosada de Nasca, el aeropuerto que fundó Elmer Faucett en 1938, y que el dictador Odría convirtió en burdel en la década del 50, había una gran fuente, exactamente como la Fuente de Trevi. Bueno, este pasaje lo cuento no en “Abracadabra”, sino en la novela que tengo en proceso.

La lujuria que promete su libro en su temática también parece ser una cuestión de estilo. Las palabras en este diccionario también forman parte de este delirio barroco…

Sin duda, hay un estrecho nexo entre estilo y lujuria. Yo no podría dudar de que Borges era un perverso. Perverso en el sentido de híper. Mientras que García Márquez tiene la “arrechura” del trópico. El caso extremo es el de San Agustín. La gula y lujuria que lo atormentaban no eran la comida y el sexo. ¿Dónde están las evidencias de esa sensualidad? Su pecado era la escritura desbordante que colmó las mil paginas de su libro “Ciudad de Dios”.

¿Después de la “Biblia de guarango”, qué queda de sus experimentaciones literarias con la riqueza verbal afroperuana?

El artificio, el ludismo, la experimentación están en mi escritura desde el inicio, desde “Tierra de caléndula”. Ese ludismo no me pertenece. Es propio del narrador oral, del charlatán del villorrio. En el grupo Narración sacamos en limpio que deberíamos aprender de la expresividad popular. Para mí fue más que una declaración porque eso ya lo llevaba dentro por origen social. Además, pese a cierto aparente comisariato que pudo haber en Narración, para mí el aspecto formal siempre fue algo primordial en la escritura. Y la formalidad, no sé por qué, siempre conduce al erotismo, a la sexualidad. Más bien, un premeditado realismo, eso que ponía en primer lugar Miguel Gutiérrez, y que todavía postula, nunca supe claramente qué cosa era. Solo que, entonces, me daba vergüenza preguntar: ¿Qué es el realismo? Ahora ansío que me lo definan. Nunca es tarde.

Se dice que estará en la Feria del Libro de Lima para la presentación de su libro. ¿Piensa volver a su natal Coyungo?

Iría tentado por la “marmaja”. Para reventarla en el “chongo” que me recomiende Pablo Macera. Al cronopio Alfredo Portal le van a hacer una reencauchada y estará nuevecito para una buena faena. Podríamos ir en “mancha”. Tengo en acetato el disco “Volveré” de Vikki Carr. Lo escucho en el sótano, pues detesto el sonido pastoso de Bosé que suena en la sala. Con ese bolero de la rica Vikki es imposible no volver a Coyungo.

Finalmente, muchos de sus lectores lamentamos que pasaran desapercibidos los 30 años de “Canto de sirena”. Hace falta una fiesta por Candelario Navarro, uno de los personajes más entrañables de nuestra literatura…

Menos mal que Candelario Navarro está perpetuado, en cuanto persona de carne y hueso, en un mediometraje que filmaron Pancho Salomón y Alfredo Béjar. El peruanista francés Roland Forgues conserva cintas con los testimonios de Candelario en una cueva vinícola de la Borgoña, propiedad de un amigo enólogo y matemático. Ahí se pueden conservar por milenios. Los filmes y cintas que yo poseo se hallan en la bóveda de un banco de Oregon. Todavía escucho la voz de Candelario, que era mi primo pese al abismo de edad, y la seguiré escuchando “forever”, gracias a la tecnología.

La vida exagerada de Enrique Congrains Martín


Abraham Prudencio / París

La vida de Enrique Congrains  fácilmente podría ser la historia desaforada de un hombre que hizo de su vida una novela  compleja y exagerada. Como impulsado por un misterio poderoso y sin límites en 1954, a la edad de 22 años publicó un conjunto de cuatro cuentos  bajo el título de Lima, hora cero, al año siguiente profundizando aún más en la problemática social publicó Kikuyo

Con el mismo desenfreno y fervor colabora en revistas literarias tales como “Ya” y “Pan” de marcada tendencia izquierdista. Disconforme con su realidad, se sumerge a una intensa actividad política, este apasionamiento lo lleva a formar parte de las líneas trotskistas. Tan ciega fue su pasión por el devenir de la nueva ideología que, una tarde deinvierno, se vio involucrado en un asalto, con pistola en mano, a una agencia bancaria, el argumento fue simple e irrefutable: la guerrilla necesitaba fondos para imponerse a su nueva realidad. Sin embargo, su desproporcionado accionar tuvo consecuencias inmediatas, y como no podía ser de otra manera, fue a dar con sus huesos en la carceleta de palacio de justicia, la osadía le costó tres meses de encierro.

Para cumplir su cometido, analizando el terreno hostil de los años 50 en esa Lima convulsionada, no sólo se quedó con la tinta y la pluma. Tal empresa requería de una editorial y como en esos años ninguna de las editoriales que apenas se podían contar con los dedos de la mano, avalaría su locura, creó su propia editorial. Fue así como bajo su humilde pero propio sello editorial, publicó sus primeros libros. 
No era raro encontrarlo por las calles, paquete en mano, promocionando, cual vendedor de feria, sus propios textos. Mario Vargas Llosa dice que se presentaba así “cómpreme este libro, del que soy autor. Pase  un rato divertido y ayude a la literatura peruana”. Obviamente, con tal eficaz argumento, la gente no tenía más salida que ponerse la mano al pecho.

Con la misma intensidad de siempre pero esta vez ya establecido en Argentina publica No una sino muchas muertes (1957). Novela que fue llevada al cine  en  1983 con el fulminante título de “Maruja en el infierno”  dirigida por Francisco Lombardi con el guión del poeta José Watanabe.

Tras la publicación de este libro, cuando estaba en lo mejor de su producción y para sorpresa de cristianos y moros, Enrique Congrains, abandona la literatura y como si fuera poco en 1963 se aleja del Perú por tiempo indefinido. Desde ese momento se vuelve un trotamundos, de Argentina pasa a Venezuela, Chile, México, Cuba, Colombia. 

Su espíritu de hombre emprendedor lo lleva de inventor de jabones iniciado en Lima a promotor de concursos de lectura veloz, crea proyectos inverosímiles como el ajedrez de tubo, el arte de la microonda, escribe recetarios de cocina peruana, de medicina natural, como impulsor cultural se ve tentado a crear una gran editorial, cuya infraestructura traspasaría fronteras, como editor bate récord vendiendo más de 250 000 de sus ya famosas colecciones biográficas de científicos. Junto a un grupo de amigos se ve tentado de crear Multidic que no era nada menos que un diccionario de diccionarios (compuso 108 diccionarios especializados); sin embargo, este proyecto se echó a perder por la aparición inesperada de un hombre llamado Bill Gates que llegó a nuestra edad de piedra con un invento fabuloso: Encarta. Enrique Congrains y sus amigos tuvieron que dar un paso al costado e ir tras los pasos de otras locuras.

Tales hazañas no resultaban de simples quimeras sino requerían de una fuerte inversión y para la admiración de muchos incrédulos, no sólo había gente sino también instituciones que  aprobaban sus osados proyectos prestándole dinero.

Tuvo ideas que, tras su aplicación, resultaron todo un éxito, de noche a la mañana, la fortuna parecía sonreírle, pero en más de las veces, por no decir en todas  “su locura” resultaba todo un fracaso, las consecuencias eran obvias, en lugar de ganarlo, el dinero parecía hacerle humo en sus manos, la bancarrota era un estado de ánimo habitual, fue así como perseguido por la pesadilla de las deudas muchas veces se vio obligado a salir de un país entre gallos y media noche. 

Muchos de sus amigos, con el sueño de hacerse  ricos de noche a la mañana,  quedaron en la más completa ruina, y muchas instituciones, al no obtener resultados por las vías cordiales, se vieron obligadas de abrirle procesos judiciales a diestra y siniestra, se dice que bajo esta situación, llegó a tener más de 20 órdenes de embargo.

Ante tal apremiante situación sólo había una opción: desaparecer del lugar y establecerse en otro para comenzar de cero hasta que de salto en salto fue a dar a Bolivia, aquí se estableció, un poco más tranquilo, porque había averiguado personalmente que en este apacible lugar no había extradición por deudas. 

Permaneció así sumido casi en el más completo anonimato, se le perdió tanto de vista que algunos le daban por muerto y no era para menos porque para evitar los juicios y reclamos no tuvo más remedio que cambiarse de nombre, muchos cuentan que nuestro querido escritor se presentaba como Antonio Rodríguez Solís, este solícito hombre de negocios había tomado el lugar del endeudado narrador Enrique Congrains, los acreedores al no encontrarlo por más de tenerlo frente a frente y en persona, se daban media vuelta y regresaban tras sus pasos totalmente convenidos que el diablo se había llevado el alma de ese pobre deudor. Pero ellos ni el mismo Antonio Rodríguez Solís sabían en realidad quién era Enrique Congrains.

II

La irrupción precoz de este autor en el escenario literario peruano marcó un punto de quiebre en la temática reinante del momento. Lima, hora cero  se convierte así en el texto fundacional, con este libro inaugura el realismo urbano en el Perú. 

El inmigrante, antes de  la irrupción de Congrains, se encuentra rumbo hacia la tierra prometida, los jóvenes, sobre todo, ven a Lima como la ciudad donde pueden cumplir sus sueños, porque había tantos negocios que era imposible que no haya trabajo

La pluma de este joven autor nos cuenta de esos mismos personajes pero ya instalados en los pueblos jóvenes, en los arenales, en los lugares donde en esos años era imposible pensar instalarse y poder vivir todo el tiempo que se les antoje, así se formó el cerro San Cosme, el Agustino, San Juan de Miraflores, Zárate, Comas, los Olivos, y un largo etc. 

Es el sujeto migrante de la Sierra que llega cargado de ilusiones, no hay otra solución, Lima es la única ciudad donde podrán progresar y dejar de ser unos “olvidados” pero de olvidados pasarán a tener otra categoría acaso peor que la anterior, serán desde ese momento unos “marginados” y serán tratados de esa manera por aquellos que ya habían estado allí desde un inicio pero sobre todo por aquellos que han llegado unos días antes. 

En “El niño de junto al cielo” acaso unos de sus mejores cuentos,  retrata esta realidad: Esteban recién llegado de su Tarma natal pide “autorización para conocer la ciudad”, quiere recorrer el lugar, pero él no está en Miraflores o San Isidro como hubiera querido sino  en la periferia, lejos de todo, “había descendido desde el cerro hasta la carretera” y a medida que se sumerge se iba preguntando incrédulo ¿eso era Lima, Lima, Lima? Con sus apenas diez años no tuvo mejor frase para nombrar  esa realidad, ese lugar no era el imaginado sino “la bestia con un millón de cabezas”. 

Esa gran “bestia” formada por gente venida de todas partes, tratando de sobrevivir como mejor podían. Sin embargo, esa bestia de un millón de cabezas lo recibe con un “sorpresa”, apenas bajado del cerro San Cosme, Esteban encuentra diez soles, esta aparente “suerte” era un juego más del destino pues no solo encuentra los diez soles sino también a Pedro, un niño sin padres que sobrevivía gracias a su astucia, podríamos decir que Pedro era igual que él solo que había llegado antes y ya se había habituado a esa realidad; la experiencia de la vida le había enseñado que si deseaba sobrevivir en ese mundo tenía que perder todo tipo de moral y sentimientos, es por esta razón que al enterarse la “buena suerte” de su afortunado amigo, no duda en proponerle un próspero negocio, Esteban invertiría los diez soles y él su “conocimiento de la vida”. 

Esteban emocionado pensando que la Bestia no era tan mala como había creído se deja llevar sin saber lo despiadada que podía ser. Pedro, para finalizar su plan, distrae al ingenuo muchacho mandándole a comprar algo para comer, este descuido es bien aprovechado para desaparecer con el dinero y toda la ganancia de la venta de las revistas. Esteban horas después se resigna, “Pedro no estaba en ese lugar, ni en ningún otro”, la Bestia no perdonaba a los ingenuos ni a gente de buena fe. Mientras regresa a casa por su “cabecita” seguramente pasaba que si quería vivir en ese lugar debía actuar como Pedro o quizá peor. 

Con un lenguaje propio de los años 50 Enrique Congrains plasma esa Lima llena de contrastes, violenta y difícil. Se inserta en la vida del inmigrante para contarnos con un lenguaje sencillo y directo la serie de desdichas que pasan los desraizados en el afán de instalarse en esa nueva realidad. El sujeto migrante de la sierra será un tema recurrente en sus tres primeros libros.

III

Cuando todo el mundo ya se había olvidado de él y cuando los libros escolares reeditaban sus cuentos como mejor homenaje a quien en vida fue Enrique Congrains, una mañana de invierno del 2007, irrumpió entre patadas y puñetes en el escenario literario limeño, pero no venía solo, traía bajo el brazo un par de libros “El narrador de Historias” y “999 palabras para el planeta tierra” y como si fuera poco también trajo consigo una pata de mono que lo blandía en el aire como un arma contundente. 

Muchos lo tomaban, ya sea de cerca o de lejos, como un loco de atar y otros como un excéntrico sin parangón, pero en realidad solo fue una persona que quería hacer de su vida lo que a él le daba la gana, se fue por donde quiso y escribió lo que quiso, se resistió hasta el último segundo de su vida a formar parte de ese mundo cotidiano y frívolo, y de haber podido hubiera continuado con sus locuras pero la muerte lo andaba siguiendo desde hacía tiempo con la misma urgencia que sus acreedores. 

El 6 de julio del 2009 en la apacible Cochabamba, acosado por problemas respiratorios, dejó este mundo para irse al mundo de la imaginación que él había creado de manera tan precoz. 

“Confesiones de Tamara Fiol” de Miguel Gutiérrez


Maribel de Paz / Lima

–¿De qué tipo de confesiones estamos hablando? Por momentos parecieran confesiones eróticas.

–Son confesiones que abarcan la esfera íntima, pero también la vida política del país, de modo que tenemos una visión de casi un siglo, las luchas sociales, especialmente de la izquierda, las crisis de los noventa. Lo que me sedujo de esta historia es que se trata de una mujer que quisiera conciliar los requerimientos de la lucha social con su afán de ser feliz.

—La obra se muestra como una especie de juego de cajas chinas, la narración sobre otra narración sobre una investigación. ¿Qué investigación real ha realizado para este libro?

—Ninguna, pero conozco ese mundo porque trabajé en Huamanga hasta el 70, conocí mucha gente, a Abimael… Conocí al modelo del personaje de la protagonista cuando por primera vez ingresé al bar Palermo en La Colmena, y recuerdo una mesa con diez hombres y una sola chica, encantadora. La frecuenté, pero ella tuvo un accidente y quedó inválida, aunque en la novela tenga movimiento. Y de esta chica supe también de una serie de amores turbulentos.

—Le hablaba de lo erótico porque eso ocupa una buena parte de la novela y hasta se habla de Huamanga como “la ciudad de los penes”.

—Es real, se pueden ver monjitas tocando puertas con esos llamadores con forma de penes. Y también está el mono sosteniendo con un falo enorme la columna madre de una iglesia. Entonces, eso supone una vida erótica muy fuerte reprimida detrás de una ciudad conventual.

—Ayacucho es un escenario, pero también vuelve al norte y a temas como el incesto y la sífilis. ¿Por qué la obsesión?

—¡Ni quiero saber! ¿Para qué? Si es una fuente de creación.

—En esta novela hay un afán totalizador, como en La Violencia del Tiempo.

—Pero con una diferencia, que La Violencia del Tiempo es una novela abierta con múltiples historias. Aquí hay una sola historia. Lo que une a todos estos personajes es que en algún momento la ideología no fue una cosa aleatoria, sino que decidía el sentido de sus vidas. Pero hay algo interesante, si he elegido a este narrador foráneo no es por adorno. Este hombre ha estado en varios escenarios de guerra y la idea es que la violencia es el Perú es parte de una violencia generalizada que abarca todo el siglo XIX.

—Se le ha llamado a usted “reserva moral de la literatura peruana”…

—No me considero reserva moral de nada. Se dicen cosas buenas y malas de mí en los blogs, pero prefiero no enterarme, es perder el tiempo.

—Prefiere los debates en prensa, como el de andinos y criollos.

—Ese debate fue gracioso, y lo interesante de esa polémica es que siendo literaria suscitó interés más allá de la literatura. Abordaba núcleos de poder, mafias, y tenía que ver no solo con las clases sociales, sino con el racismo.

—¿Sigue pensando en la existencia de esa secta en la crítica literaria?

—Todavía existe, pero debilitada.

—Famélica, digamos.

—Claro, tienen sus corifeos, se alaban entre ellos. A mí me han atacado, pero ni les he hecho caso, cuando publiqué la segunda edición de La Generación del 50.

—También se le critica que se haya vendida a editoriales trasnacionales, a Alfaguara.

—Te voy a explicar. Lo esencial en la vida de un escritor que ha asumido ciertas ideas como yo es mi relación con el poder político, y jamás he participado con ninguno de los gobiernos. Ahora, igual sigo publicando mis libros de ensayos con editoriales recontranacionales. En cuanto a Alfaguara… ¿por qué? Porque quiero llegar a un mayor público, y por razones económicas. ¿Qué es una contradicción? Sí, es una contradicción.

—¿No se puede ser totalmente consecuente?

—Para vivir bien tienes que hacer concesiones. Si no, ¿qué te queda?, la locura, el suicidio o el nihilismo total, pegarse un tiro o irse fuera del país.

—Usted ha dicho que la mujer en la literatura peruana casi no ha existido. ¿Es la historia de Tamara Fiol un arreglo de cuentas?

—El papel subordinado de la mujer es un hecho de la literatura peruana. Hasta la generación del 50 figuraba como puta o Virgen María. Aquí no se ha creado un personaje como la Alejandra de Sábato ni la Maga de Cortázar. En última instancia quedan como tontas.

—Alguna vez dijo que tenía muchas historias que contar, pero que sentía que ya no tenía tiempo. La protagonista dice algo parecido en la novela.

—Sí, pienso que no he publicado el conjunto de novelas que debí escribir. Claro, uno puede decir que basta con una buena novela.

—Pero no basta

—Pero no basta, porque es lo único que me hace olvidarme de este aburrimiento que es la vida. Si tengo que hacer una autocrítica es que no puse en el centro de la vida lo que en el fondo lo era: la novela. Sin embargo, no me arrepiento, porque sin haberme abierto a otros mundos, la lucha ideológica, no hubiera escrito La Violencia del Tiempo. Tengo otras dos historias avanzadas, una sobre una madre que le va contando al niño las circunstancias en que fue engendrado apelando a las artes mágicas. Y la otra tiene un título que ahora da risa, Se Busca a Kymper… ¿Sabes cuál es la clave? Qué tú creas en la historia que estás escribiendo. Si tú mismo estás convencido solucionas todos los problemas técnicos que se te presentan. Y eso para mí es lo más cercano a la felicidad.

"Lo fantástico en Hispanoamérica" de Elton Honores


Camilo Fernández Cozman / Lima

Egresado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Elton Honores (Lima, 1976) es catedrático de la Universidad San Ignacio de Loyola, estudiante de posgrado en San Marcos e investigador especializado en el estudio de la narrativa fantástica en Hispanoamérica. Se graduó con una tesis donde analizó el proceso de la narrativa fantástica en el Perú poniendo énfasis en la obra de los representantes de la llamada generación del cincuenta. La investigación fue publicada recientemente con el nombre de Mundos imposibles. Lo fantástico en la narrativa peruana (2010).

Ahora asistimos a la presentación del segundo libro de Honores: Lo fantástico en Hispanoamérica (Lima: Cuerpo de la Metafora, 2011, 291 pp.), donde él cumple el rol de coordinador de una edición que compila interesantes estudios en torno al tema en cuestión. En realidad, por exceso de modestia, Honores eligió el mencionado título, pero el volumen quizá debió llamarse Lo fantástico en Latinoamérica, pues incluye dos notables estudios sobre la narrativa de ciencia ficción y el cuento fantástico en Brasil.

En el primer ensayo (“Ortodoxos y heterodoxos: hacia un panorama de la narrativa fantástica peruana contemporánea (1980-2010) desde el sistema literario”), Honores cuestiona de qué manera “lo fantástico siguió siendo una producción clausurada para el sistema oficial” (p. 11). El investigador señala de qué modo, en los años ochenta del siglo XX, el realismo resulta siendo cuestionado como el único programa válido y ello posibilita la revaloración de otras perspectivas estéticas, en el cuento y la novela, que subrayaban la necesidad de apartarse del paradigma realista. Honores pone en tela de juicio la antología Nuevo cuento peruano (1984) de Luis Fernando Vidal y Antonio Cornejo Polar, porque estos autores conciben como algo negativo el influjo del cine, la televisión y las historietas en la nueva narrativa, cuando en realidad –según Honores
  “serán inevitablemente las grandes influencias de muchos de los narradores de los años 80 en adelante” (p. 15). Aquí quisiera reflexionar acerca de un tipo de crítica literaria que, algunas veces, valora un texto literario desde una perspectiva claramente temática e ideológica, y deja de lado los aspectos formales que son imprescindibles en un discurso narrativo o poético. 

Honores arriesga una taxonomía de la narrativa fantástica contemporánea en el Perú. En la novela distingue dos tendencias: 1) La novela fantástico-clásica, donde se percibe poca experimentación en el ámbito formal. Los representantes de esta tendencia son Jeremy Torres, Augusto Murillo, Iván Bolaños, Hans Rothgiesser, David López Alfaro y Luis T. Moy, verbigracia; y 2) La novela fantástico-ecléctica o el neohistoricismo fantástico, donde se observa un interés por la reconstrucción histórica, vale decir, se mezcla lo histórico y lo fantástico. Los principales exponentes son Carlos Herrera, Fernando Iwasaki, José Antonio Bravo, José Güich, Luis Enriqe Tord, entre otros. En el cuento se precisan dos vertientes: 1) El cuento fantástico-clasicista, donde se reconoce la presencia de la ciencia ficción y lo fantástico expresado en lo gótico, el horror y el terror. Esta vertiente está representada por autores como Carlos Calderón Fajardo, José Güich, Jorge Eduardo Benavides, Pablo Nicoli Segura, por ejemplo; y 2) El cuento fantástico-ecléctico, que oscila entre un código realista y una apertura a lo onírico, la ciencia ficción, lo policial o lo fantástico. Dicha tendencia tiene como exponentes a Ricardo Sumalavia, Harry Belevan, Mario Bellatin, José Donayre, Enrique Prochazka, Carlos Yushimito, entre otros.

Víctor Bravo (en “La expresión de lo fantástico y la literatura venezolana”), afirma que lo fantástico, en la edad moderna, surge con el Romanticismo, aunque hay, sin duda, antecedentes en la literatura de la antigüedad y de la Edad Media. Subraya, además, que Horacio Quiroga (1878-1937) es el iniciador de lo fantástico moderno en América Latina. Por su parte, Julio Garmendia es el primer escritor venezolano que abre las puertas a lo fantástico en Venezuela a través de los relatos compilados en La tienda de muñecos (1927) y La tuna de oro (1951); sin embargo, Bravo destaca el aporte de otros escritores venezolanos como Arturo Uslar Pietri y Luis Britto García por el uso de la alegoría, el humor y la paradoja como recursos estilísticos.

Por su parte, Juan Carlos Toledano (“Una cartografía de la ciencia-ficción cubana a través de la obra de Yoss”), señala cómo en Cuba la narrativa fantástica se opuso al credo del realismo socialista que venía de la Unión Soviética. Pone de relieve la importancia de la obra de Yoss, quien “es reflejo de toda una revolución interna en el estilo de la escritura de la cf (ciencia ficción, anotado nuestro) cubana que se explica dentro de las corrientes más contestatarias del movimiento cyberpunk (…), donde los bajos fondos, colmados de pobreza y violencia, junto con la opresión de los poderosos ocupan el espacio central, y donde sus personajes tratan de sobrevivir frente a este sistema aplicando su propia violencia, incluso si ésta se impone a sus propios cuerpos o es completamente fútil ” (p. [52]-53).

María Cristina Batalha (“Breve panorama del cuento brasileño”) arriesga una taxonomía para ordenar el corpus del cuento fantástico brasileño y llega a precisar los siguientes tipos: 1) Cuento fantástico gótico (donde aparecen espectros, almas en pena y fantasmas); 2) Cuento fantástico maravilloso (donde se revelan hadas, magos y genios del bien y del mal); 3) Cuento fantástico filosófico, metafísico (aquí se perciben percepciones extrasensoriales y apariciones a través de cuerpos opacos); 4) Cuento fantástico esotérico (marcado por lo paranormal, el misterio y lo esotérico); 5) Cuento fantástico paródico (que emplea el humor y parodia ciertos referentes del mundo real); 6) Cuento fantástico cruel (donde aparecen la perversión y la animalidad como rasgos centrales del ser humano);7) Cuento fantástico absurdo-existencial (representado por los herederos de Franz Kafka y en cuyos relatos se observa la cosificación del hombre y la pérdida de su individualidad) y 8) Cuento fantástico moderno: meta-cuento: en este caso, “sobresalen los múltiples juegos metaficcionales y de estilo, la autoconsciencia el lenguaje y la auto-referencialidad de la propia literatura” (p. 88).

Hay otros ensayos muy interesantes en Lo fantástico en Hispanoamérica. Por ejemplo, Lola López Martín busca precisar la teoría de la ciencia ficción a partir de un enjuiciamiento de las ideas de Tzvetan Todorov contenidas en su Introducción a la literatura fantástica (1970). Braulio Tavares indaga por el origen de la ciencia ficción en Brasil a través de la noción de “novelas con inspiración científica” y resaltando el carácter fundacional de la obra de Jeronymo Monteiro. Juan Ramón Vélez García aborda el proceso de interiorización en dos cuentos de autores argentinos: “La mariposa” de Atilio Manuel Chiáppori y “La larga cabellera negra” de Manuel Mújica Láinez. Es de resaltar el aporte de los ensayos de Fernando Burgos, Marcia-Espinoza Vera, Campo Ricardo Burgos, Fátima Nogueira, Pampa Olga Arán, Miguel Ángel Fernández, Yolanda Molina, Rodolfo Rorato Londero y David Roas. En dichos textos se observa el interés por comprender la naturaleza de lo fantástico tanto en su dimensión teórica como en el ámbito del proceso histórico de la literatura en lengua castellana o portuguesa. Asimismo, se intenta pensar lo fantástico como un elemento que permite cuestionar las estructuras de poder y como una opción distinta de la realista o mimética. Por eso, en dichos ensayos se resalta la vigencia de la narrativa fantástica como una forma distinta, pero igualmente válida, de construir un universo representado a través de la literatura.

Pienso que Lo fantástico en Hispanoamérica es un libro valioso por varias razones: 1) Revela un esfuerzo por dar un panorama de la literatura latinoamericana en lo que concierne a la narrativa fantástica, 2) Manifiesta un interés por hacer una taxonomía del relato fantástico distinguiendo vertientes y tendencias, 3) Evidencia una tentativa por teorizar en torno al problemático concepto de “lo fantástico” y 4) Enriquece nuestra visión de la literatura latinoamericana (pero también de la peninsular) al subrayar que la vertiente realista no es la única, sino que hay otras tendencias igualmente válidas y entre estas se encuentran la novela y el cuento fantásticos.

Por las razones antes expuestas, creo que este libro va a incentivar la discusión acerca de un tipo de literatura que, durante décadas, fue minusvalorada y que, hoy, emerge en el ámbito de la tradición narrativa con persistencia y originalidad. No me queda sino felicitar al profesor Elton Honores y a los autores de los ensayos compilados que echan luz acerca del recorrido fecundo de la narrativa fantástica en Latinoamérica.

*Texto que fue leído durante la presentación del libro el 25 de febrero de 2012 en la Casa de la Literatura Peruana.

sábado, marzo 03, 2012

El cantar de Fernando Carrasco


Jorge Goodridge La Rosa


Desde el inicio de la lectura de este volumen, se advierte la presencia de en realidad dos libros dentro de él. No sólo hablamos de dos secciones separadas por un artificio tipográfico. Son dos unidades organizadas claramente en función a temas y referentes. El mismo autor lo ha reconocido en más de una conversación con él sobre su texto. La primera, que no se identifica a través de un subtítulo y que incluye el cuento homónimo, y la sección subtitulada “Tres cuentos rockoleros”

En el primer caso, encontramos que los relatos presentan una diversidad de tonos, referentes, in-tensiones, ambientes, estilos, alusiones que dotan de variedad al libro y que manifiesta la riqueza creativa de Fernando Carrasco. Esta es una cualidad muy estimable. Sobre todo en un tiempo en el que vemos a muchos autores consagrados en nuestro medio que manifiestan una reiteración de temas y recursos expresivos que no se condice con el apego que la crítica “oficial” les muestra. Hay cuentos, como se suele decir, para todos los gustos: el mundo clásico se hace presente con “Cantar de Helena”, por ejemplo. Un universo aparentemente tan distinto a este como el mundo nocturno de los sectores populares se encuentra en “Una cicatriz rencorosa”. Quien guste de cuentos centrados en el lenguaje y “con clave” encontrará un motivo de deleite en “Misteriosa confianza”. Incluso encontramos textos más subjetivos, expresionistas y prácticamente carentes de anécdota, como “Retorno a las cavernas”. Quisiera detenerme para comentar “Cantar de Helena” porque me parece que revela otra cualidad importante de la narrativa de Carrasco: esa capacidad de “despersonalización” que Hugo Friedrich señala como rasgo esencial de la lírica moderna, y que creo yo que no se reduce simplemente a lo que llamamos poesía. Digo “despersonalización” porque en dicho relato el narrador construye un narrador capaz de identificarse de manera convincente con una mujer y de manifestar una perspectiva femenina, ¡de Helena de Troya además! No solo eso, este narrador adopta un lenguaje coherente con el tono, el ritmo y el léxico que asociamos con las obras clásicas que nuestro recuerdo vincula con este personaje, la Iliada, por ejemplo. Se demuestra una capacidad de mimetización propia de los buenos narradores.

Estos cuentos se vinculan por tener como eje la muerte física (como lo anuncia el título). Esta unidad se logra a pesar de la citada diversidad. La tensión dialéctica entre contrarios presente potencia la carga significativa del libro y le da diferentes modulaciones a los relatos.

El otro grupo de cuentos presenta mayor uniformidad temática y de ambientación. Son textos que establecen un diálogo con el mundo de la cantina, con sus personajes, sus situaciones y, sobre todo, con sus pasiones. La cantina como ámbito confesional donde el hombre ventila y ritualiza alrededor de unas cervezas el sufrimiento amoroso. Donde se cuestiona y autoafirma a la vez el machismo masculino. Cuentos “arrabaleros” “cantineros”, como el de los boleros, tangos y valses populares. Justamente el primero, “En el juego de la vida” tiene le título de un bolero muy conocido, mientras que los otros dos (“Nocturno de tangos y tangas” y “Una sombra de odio”) presentan sendos epígrafes de un tango y un bolero popular. Destacan en todos ellos la capacidad de figurar ese mundo a través del lenguaje, como en “Nocturno de tango y tangas” a través del personaje argentino Ernesto y su interlocutor.

Aunque los textos mencionados no aluden a la muerte física y sus referentes establecen un vínculo mucho más directo con la experiencia del mundo cotidiano, están muy vinculados con los relatos del primer grupo, pues expresan la vivencia de un momento trascendente, límite, donde el personaje se reencuentra con el pasado y en una especie de epifanía encuentra la revelación del cumplimiento de un destino. Es la experiencia de la muerte, pero en un sentido espiritual y de conocimiento.

Otra virtud importante en estos relatos es el lenguaje sencillo y a la vez terso, rico en matices, pulido, aun en los cuentos con una ambientación y anécdota más “truculentas”. Las lecturas de Ribeyro, Loayza, Buendía y otros notables narradores “estilistas” son manifiestas. Su lenguaje, en suma, tiende en todo momento a lo poético sin caer en el exceso ni en la afectación a la que son dados muchos autores noveles.

Finalmente, destacaremos que el logro de esta unidad de los diferentes cuentos a través de su diversidad cumple con creces el requisito que se suele exigir a toda colección bien elaborada de relatos, y habla muy bien de la dotes narrativas de Fernando Carrasco, máxime si consideramos que esa capacidad de armonización suele manifestarse en autores con mucho mayor recorrido y edad. Fernando Carrasco entra oficialmente con este volumen, y por la puerta grande, en la nómina de los jóvenes narradores peruanos.